Padre celestial, en medio de los momentos de turbulencia y confusión, concédeme la gracia de mantener la serenidad. Que tu presencia sea el ancla firme que sostiene mi alma cuando todo parece tambalearse. Amén.
Señor, cuando la ansiedad y el agobio me rodean, te pido que aquietes mi mente y mi corazón. Dame la paz que el mundo no puede dar, para confiar en que tú tienes el control de todo. Amén.
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