“Jesús ‘hecho pecado’ (cf. 2 Cor 5,21) venció al autor del pecado, venció a la antigua serpiente. En efecto, Satanás estaba muy alegre el Viernes Santo, estaba feliz; tan feliz que no se dio cuenta de la gran trampa de la historia en la cual iba a caer. Satanás vio a Jesús indefenso, deshecho y desgarrado y como un pez hambriento que va detrás de la carnada clavada al anzuelo, ‘se tragó’ a Jesús. Esto es lo que dicen los Padres de la Iglesia. […] Se alegró mucho, pero en el momento en que se tragó la carnada clavada al anzuelo; se tragó también a la divinidad. Y en ese mismo instante Satanás fue confundido y destruido para siempre. Perdió toda su fuerza. Jesús en la cruz, en cambio, desde ese momento, se convirtió en un signo de victoria. La cruz nos enseña esto, que en la vida hay fracaso y victoria. Debemos ser capaces de tolerar las derrotas, de soportarlas con paciencia, las derrotas, incluso de nuestros pecados porque Él ha pagado por nosotros. Tolerarlos en Él, pedir perdón en Él, pero no dejarnos seducir nunca por este ‘perro encadenado’. Hoy será bueno que en casa nos tomemos 5, 10, 15 minutos frente al crucifijo, ya sea el que tenemos en casa o delante del crucifijo del rosario: míralo, es nuestro signo de derrota, que provoca las persecuciones, que nos destruyen, pero sobre todo, es nuestro signo de victoria porque allí el amor de Dios ha vencido para siempre a Satanás, al pecado y a la muerte”.
(Homilía de Santa Marta, 14 de septiembre de 2018). Fuente: Vatican News
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