Mientras los discípulos hablaban de sus cosas o de argumentos totalmente ajenos a lo que Jesús decía, Jesús se quedó solo pues no fue acompañado en su decisión por ninguno de sus discípulos, ya que nadie podía entender el misterio de Jesús ni su soledad en el camino a Jerusalén: ¡Se quedó completamente solo! Basta pensar en el abandono de los discípulos, en la traición de Pedro.[…] Solo. […] Por eso, es tan importante que agradezcamos y digamos: «Gracias Señor porque fuiste obediente hasta el final, fuiste valiente; amaste tanto, me amaste tanto». De esta manera podemos tener hoy una afectuosa conversación con él y considerar ¿cuántas veces he intentado hacer tantas cosas y no te he mirado a ti, que has hecho todo esto por mí? Tú que te transformaste en la paciencia misma -el hombre paciente, el Dios paciente- y que con tanta paciencia toleras mis pecados, mis fracasos…. Hablemos con grande confianza con Jesús para darle las gracias por haber decidido seguir siempre adelante, y por haber dado siempre la cara. Tomémonos hoy un poco de tiempo, unos cinco, diez o quince minutos, para contemplar con la imaginación o frente al crucifijo a Jesús abandonado, pero que camina con decisión hacia Jerusalén y pidámosle la gracia de tener el valor de acompañarlo y seguirlo muy de cerca.

(Homilía Santa Marta, 3 de octubre de 2017). Fuente: Vatican News