«En este día de celebración volvemos nuestra mirada a Belén. El Señor viene al mundo en una cueva y es colocado en un pesebre para animales, porque sus padres no pudieron encontrar alojamiento, a pesar de que había llegado el momento de que María diera a luz. Él viene entre nosotros en el silencio y la oscuridad de la noche, porque la Palabra de Dios no necesita focos, ni clamor de voces humanas. Él mismo es la Palabra que da sentido a la existencia, Él es la luz que ilumina el camino. “Vino al mundo la verdadera luz – dice el Evangelio – que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9).

Jesús nace entre nosotros, es Dios-con-nosotros. Él viene a acompañar nuestra vida diaria, a compartirlo todo con nosotros, alegrías y tristezas, esperanzas y angustias. Viene como un niño indefenso. Nacido en el frío, pobre entre los pobres. Necesitado de todo, llama a la puerta de nuestro corazón para encontrar calor y refugio.

Como los pastores de Belén, dejémonos envolver por la luz y vayamos a ver la señal que Dios nos ha dado. Superemos el letargo del sueño espiritual y las falsas imágenes de la fiesta que nos hacen olvidar quién celebra. Dejemos el ruido que anestesia el corazón y nos lleva a preparar adornos y regalos en lugar de contemplar el Acontecimiento: el Hijo de Dios nacido por nosotros. (Mensaje Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 2022)»

Fuente: Vatican News