Pensemos en las palabras de Jesús: «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda»(Mt 5, 23s.). Dios, que sabía que no estamos reconciliados, que veía que tenemos algo contra él, se levantó y salió a nuestro encuentro, aunque sólo él tuviera la razón. Salió a nuestro encuentro hasta la cruz, para reconciliarnos. Esto es gratuidad: la disponibilidad a dar el primer paso, a ser el primero en salir al encuentro del otro, a ofrecerle la reconciliación, a asumir el sufrimiento que implica renunciar a tener la razón. No ceder en la voluntad de reconciliación. Dios nos ha dado ejemplo de ello, y ésta es la manera de llegar a ser semejantes a él, una actitud que siempre necesitamos, una y otra vez, en el mundo. Hoy debemos volver a aprender la capacidad de reconocer la culpa, debemos renunciar a la falsa convicción de que somos inocentes. Debemos aprender la capacidad de hacer penitencia, de dejarnos transformar; de salir al encuentro del otro y de pedir a Dios que nos dé el valor y la fuerza para esa renovación. (BenedictoXVI, Discurso a los miembros de la Curia Romana y de la Gobernación con motivo de la presentación de las felicitaciones navideñas, 21 de diciembre de 2009).

Fuente: Vatican News