«Anuncien que el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 10, 7). Es el mismo anuncio con el que Jesús dio inicio a su predicación: el Reino de Dios, es decir, su señorío de amor, se ha acercado, viene entre nosotros. Y no se trata simplemente de una noticia entre otras, sino de la realidad fundamental de la vida: la cercanía de Dios, la cercanía de Jesús. En efecto, si el Dios de los Cielos está cerca, no estamos solos en la tierra y no perdemos la confianza ni siquiera en medio de las dificultades. Esta es la primera cosa que hay que decir a las personas: Dios no está distante, es Padre. Dios no está distante, es Padre, te conoce y te ama; quiere darte la mano, incluso cuando recorres caminos empinados y accidentados, incluso cuando caes y te cuesta levantarte y retomar el camino; Él, el Señor, está ahí, contigo. Es más, muchas veces, en los momentos en que te sentís más frágil, podés sentir su presencia con más fuerza. Él conoce el camino, Él está contigo, ¡Él es tu Padre! ¡Él es mi Padre! ¡Él es nuestro Padre! (…) Anunciar que Dios está cerca. Pero ¿cómo hacerlo? En el Evangelio, Jesús recomienda que no se digan muchas palabras, sino que se hagan muchos gestos de amor y de esperanza en nombre del Señor; no decir muchas palabras, sino hacer gestos: «Curen a los enfermos, dice, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Lo recibieron gratis, denlo gratis» (Mt 10, 8). He aquí el núcleo del anuncio: el testimonio gratuito, el servicio. (Papa Francisco, Ángelus del 18 de junio de 2023).

Fuente: Vatican News