Vino nuevo, odres nuevos. La novedad del Evangelio. ¿Qué nos trae el Evangelio? Alegría y novedad. Estos doctores de la ley estaban encerrados en sus mandamientos, en sus prescripciones. San Pablo, hablando de ellos, nos dice que antes de que llegara la fe —es decir, Jesús— todos estábamos prisioneros de la ley. Esta ley de estas personas no era mala: estaban prisioneros, esperando la llegada de la fe. Esa fe que se revelaría en Jesús mismo. (…) Jesús dijo: «No he venido a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud». Y la plenitud de la ley, por ejemplo, son las Bienaventuranzas, la ley del amor, el amor total, como Él —Jesús— nos amó. Y cuando Jesús reprende a estas personas, a estos doctores de la ley, los reprende por no haber protegido al pueblo con la ley, sino por haberlo hecho esclavo de muchas pequeñas leyes, de muchas pequeñas cosas que debían hacerse. (…) San Pablo distingue bien: hijos de la ley e hijos de la fe. Vino nuevo, odres nuevos. Y por esta razón la Iglesia nos pide a todos algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras perecederas: ¡son inútiles! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. No se puede comprender la mentalidad —por ejemplo— de estos doctores de la ley, de estos teólogos fariseos: no se puede comprender su mentalidad con el espíritu del Evangelio. Son cosas distintas. El estilo del Evangelio es un estilo distinto, que lleva la ley a su plenitud. ¡Sí! Pero de una manera nueva: es vino nuevo, en odres nuevos. (Francisco – Homilía de Santa Marta, 5 de septiembre de 2014).
Fuente: Vatican News
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