«Los doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos, invocando un signo extraordinario. Estaban cerrados en su sistema, tenían perfectamente acomodada la ley, una obra maestra. (…) Estaba todo ordenado. Ellos «simplemente habían olvidado la historia. Habían olvidado que Dios es el Dios de la ley», pero es también el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo (…) Y ellos no entendían y se cerraban en ese sistema hecho con tanta buena voluntad; y pedían a Jesús que les diera «una señal», continuando sin entender «los numerosos signos que hacía Jesús y permaneciendo en una actitud de total «cerrazón». La segunda, se dirige al hecho de que ellos habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, se encuentra siempre cosas nuevas, cosas que no conoce. (Homilía, 13 octubre 2014)»

Fuente: Vatican News