Lázaro con sus necesidades y sus miserias, sus enfermedades, era el Señor quien llamaba a la puerta, para que este hombre abriese su corazón y la misericordia pudiese entrar. Y sin embargo, el rico «no veía» «estaba cerrado» y «para él, más allá de la puerta, no había nada». (…) «Pidamos al Señor» la gracia «de ver siempre a los Lázaros que están en nuestra puerta, los Lázaros que tocan al corazón», y aquella de «salir de nosotros mismos con generosidad, con actitud de misericordia, para que la misericordia de Dios pueda entrar en nuestro corazón». (Santa Marta, 25 febrero del 2016)
Fuente: Vatican News
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