«San José […] es ante todo el custodio de Jesús y de la Virgen María. Y por lo tanto también es el santo patrón de la Iglesia. […] Puedes confiarle ciertas situaciones un poco complicadas, en las que nos damos cuenta de que nuestras fuerzas no son suficientes, que no hay soluciones a la mano. Entonces puedes dirigirte a San José en oración. Es de pocas palabras -en el Evangelio nunca habla, no hay palabras de José-, de pocas palabras, pero de muchas obras. Inténtalo. Un hombre que escucha la voluntad de Dios y la pone en práctica, sin dudarlo. Siempre le rezo, por esta necesidad, por esa otra, por esa otra, y siempre responde. […] Los planes de Dios no siempre son claros; a menudo se manifiestan con el tiempo, requieren paciencia; sobre todo exigen fe, tanta confianza en que Dios sólo y siempre quiere el bien, el mayor bien para nosotros y nuestros seres queridos. Y luego debemos hacer como San José: abandonarnos a Dios -esto significa dormir- para recibir sus mensajes. (Discurso a los empleados del Vaticano con motivo de las felicitaciones navideñas, 23 de diciembre de 2021)»