Detrás de la rigidez hay algo oculto en la vida de una persona. La rigidez no es un regalo de Dios. Mansedumbre, sí; bondad, sí; benevolencia, sí; perdón, sí. Pero no la rigidez. Detrás de la rigidez siempre hay algo oculto, en muchos casos una doble vida. Pero también hay algo enfermo. Cómo sufren los rígidos: cuando son sinceros y se dan cuenta de ello, ¡sufren! Porque no pueden tener la libertad de los hijos de Dios; no saben caminar en la Ley del Señor y no son bendecidos. ¡Y sufren tanto! Parecen buenos, porque siguen la Ley; pero detrás hay algo que no los hace buenos: son malos, hipócritas o enfermos. ¡Sufren! Roguemos al Señor, roguemos por nuestros hermanos y hermanas que creen que caminar en la Ley del Señor es volverse rígidos. Que el Señor les haga sentir que es Padre y que le gusta la misericordia, la ternura, la bondad, la mansedumbre y la humildad. Y que nos enseñe a todos a caminar en la Ley del Señor con estas actitudes.

(Homilía Santa Marta, 24 de octubre de 2016). Fuente: Vatican News