«Detrás de estos personajes está Satanás, el sembrador de odio en la mujer, el sembrador de vanidad en la niña, el sembrador de corrupción en el rey. Y el «hombre más grande nacido de mujer» terminó solo, en una celda oscura, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso. Es un mártir, que dejó que su vida fallara, fallara, fallara, para dar paso al Mesías. La vida tiene valor sólo en darla, en darla en el amor, en la verdad, en darla a los demás, en la vida cotidiana, en la familia. Siempre darla. Si alguien toma la vida para sí, para conservarla, como el rey en su corrupción o la dama con odio, o la doncella, la niña, con su propia vanidad -un poco adolescente, inconsciente- la vida muere, la vida termina marchita, no sirve. Les aconsejo no pensar mucho en esto, sino que recuerden la imagen, (…) y cada uno abra su corazón para que el Señor les hable. (Homilía de Santa Marta, 8 de febrero de 2019)»
Fuente: Vatican News
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