“Nuestra Señora no quiso quitarle ningún título a Jesús; recibió el don de ser su Madre y el deber de acompañarnos como Madre, de ser nuestra Madre. No pidió para sí misma ser cuasi-redentora o una co-redentora: no. El Redentor es uno solo y este título no se duplica. Sólo discípula y madre. Y así, como madre debemos pensar en ella, debemos buscarla, debemos rezarle. Ella es la Madre en la Iglesia Madre. En la maternidad de la Virgen vemos la maternidad de la Iglesia que recibe a todos, buenos y malos: a todos. Hoy nos hará bien detenernos un poco y pensar en el dolor y las penas de Nuestra Señora, que es nuestra Madre. Y cómo los ha llevado, cómo los supo llevar tan bien: con fortaleza aún en medio del llanto. No era un llanto falso, era su corazón destrozado por el dolor. Nos hará bien detenernos un poco y decirle a Nuestra Señora: ‘Gracias por haber aceptado ser Madre cuando el Ángel te lo anunció, y gracias por haber aceptado ser Madre cuando Jesús te lo pidió’“.
(Homilía de Santa Marta, 3 de abril de 2020). Fuente: Vatican News
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