Esta escena recuerda la dura amonestación del Hijo del hombre en el juicio final: «Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; estaba […] desnudo, y no me vestisteis» (Mt 25, 42-43). Lázaro representa bien el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo en el que las inmensas riquezas y recursos están en las manos de pocos. ¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios!
(Audiencia general, miércoles 18 de mayo de 2016). Fuente: Vatican News
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