Él reza por nosotros ante el Padre. Siempre me ha gustado esto. Jesús, en su resurrección, tenía un cuerpo hermoso: las heridas de la flagelación, de las espinas, han desaparecido, todas. Los moretones de los golpes, ya no están. Pero Él siempre quiso tener las llagas, y las llagas son precisamente su oración de intercesión al Padre: «Pero… mira… esto te lo pide en mi nombre, ¡mira!». Esta es la novedad que nos cuenta Jesús. Nos dice esta novedad: confiar en su pasión, confiar en su victoria sobre la muerte, confiar en sus llagas. Él es el sacerdote y éste es el sacrificio: sus heridas. Y esto nos da confianza. Nos da el valor de rezar».

(Santa Marta, 11 de mayo de 2013). Fuente: Vatican News