Esta fue la etapa más difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había imaginado, a tal punto que, en la cárcel, sufrió no sólo la oscuridad de la celda, sino la oscuridad de su corazón. Las dudas le asaltaron: Pero ¿será éste? ¿No me habré equivocado? A tal grado, que pide a los discípulos que vayan a Jesús para preguntarle: Pero, ¿eres tú verdaderamente, o tenemos que esperar a otro? (…) Es bello pensar así la vocación del cristiano. En efecto, un cristiano no se anuncia a sí mismo, anuncia a otro, prepara el camino a otro: al Señor. (…) Y finalmente debe ser un hombre que sepa abajarse para que el Señor crezca, en el corazón y en el alma de los demás. (Homilía Santa Marta, 24 junio 2014).
Fuente: Vatican News
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