««Si la invitación hubiese sido, por ejemplo: “Venid, que tengo dos o tres amigos de negocios de otro país, podemos hacer algo juntos”, seguramente ninguno se hubiese disculpado». En efecto, «les asustaba la gratuidad», el hecho de «ser uno como los demás». Es «el egoísmo», el querer «estar en el centro de todo». (…) Entonces es «difícil escuchar la voz de Jesús, la voz de Dios». Y, añadió el Papa, «detrás de esta actitud» hay otra cosa, aún «más profunda»: es el «miedo a la gratuidad». La gratuidad de Dios, en relación con las experiencias de la vida que nos han hecho sufrir, «es tan grande que nos da miedo». (…) Estamos «más seguros en nuestros pecados, en nuestros límites», porque, de este modo, «estamos en nuestra casa». Salir, en cambio, «de nuestra casa para ir hacia la invitación de Dios, a la casa de Dios, con los demás» nos da «miedo». Y «todos nosotros cristianos tenemos este miedo escondido dentro», pero tampoco es mucho. «católicos, pero no demasiado, confiados en el Señor, pero no demasiado». Y este «pero no demasiado» al final nos «empequeñece» … (Santa Marta, 4 noviembre 2014)»

Fuente: Vatican News