«Este padre pide salud para su hijo (cf. Jn 4,43-54). El Señor reprocha un poco a todos, pero también a él: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen». (cf. v. 48). El funcionario, en lugar de callar y estar en silencio, se adelanta y le dice: «Señor, baja antes que se muera mi hijo» (v. 49). Y Jesús le respondió: «Ve, tu hijo vive» (v. 50). Existen tres cosas que se necesitan para hacer una verdadera oración. La primera es la fe: “Si no tienen fe…” Y muchas veces, la oración es sólo oral, de boca, pero no viene de la fe del corazón, o es una fe débil… (…) La primera condición para la verdadera oración es la fe. La segunda condición que el mismo Jesús nos enseña es la perseverancia. Algunos piden, pero la gracia no llega: no tienen esta perseverancia, porque en el fondo no la necesitan, o no tienen fe. (…) La fe y la perseverancia van juntas, porque si tienes fe, es seguro que el Señor te dará lo que pidas. Y si el Señor te hace esperar, llama, llama, al final el Señor da la gracia. (…) Y la tercera cosa que Dios quiere en la oración es la valentía. Alguien puede pensar: ¿se necesita valor para rezar y estar ante el Señor? Se necesita. (…) Esta virtud de la valentía, es muy necesaria. No sólo para las acciones apostólicas, sino también para la oración. Fe, perseverancia y valentía. En estos días en que es necesario rezar, rezar más, pensemos si rezamos de esta manera: con fe en que el Señor puede intervenir, con perseverancia y con valor. El Señor no decepciona, no decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no nos decepciona. Fe, perseverancia y valor. (Homilía Santa Marta, 23 de marzo de 2020)»
Fuente: Vatican News
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