La imagen del pastor y de las ovejas indica la estrecha relación que Jesús quiere establecer con cada uno de nosotros. Él es nuestro guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo, nuestro Salvador. De hecho, afirma: «Yo les doy vida eterna; Nunca perecerán y nunca dejarán mi alma” (vv. 27-28). ¿Qué podría estar tan mal? Sólo Jesús, porque la “mano” de Jesús es igual a la “mano” del Padre, y el Padre es “mayor que todos” (v. 29). Estas palabras nos comunican un sentimiento de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra vida está completamente segura en las manos de Jesús y de Dios, que es una sola cosa: un solo amor, una sola misericordia, revelados de una vez por todas en ningún sacrificio en la cruz. Para salvar a las tres ovejas malas que somos todos, el Pastor se hizo cordero y se dejó molar para tomar sobre nosotros nuestros pecados y quitárnoslos del mundo. ¡De este modo Él nos da vida, y vida en abundancia (cf. Jn 10,10)! (Regina Caeli 17 de abril de 2016)
Fuente: Vatican News
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