La vida solo tiene valor si se da en el amor, en verdad, ofrecida a los demás, en la vida diaria, en la familia. Pero siempre donándola. Y si alguien toma la vida para sí, para preservarla, como el rey en su corrupción o la señora que solo sabía odiar, o la joven, la chica, con su propia vanidad —un poco adolescente, inconsciente— la vida muere, la vida termina marchitándose, no sirve. Les aconsejo no pensar mucho en esto, sino recordar cuatro personajes: el rey corrupto, la señora que solo sabía odiar, la joven vanidosa que no tenía conciencia de nada y el profeta decapitado solo en la celda. Con el deseo de que cada uno abra su corazón para que el Señor le hable sobre esto. (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 8 de febrero de 2019).

Fuente: Vatican News