Son sepulcros blanqueados: un buen elogio. De hecho, son bonitos por fuera, todos perfectos… perfectitos… pero por dentro llenos de podredumbre, es decir, de avaricia y maldad. Y Jesús, sabiendo distinguir bien las apariencias de la realidad interior, desenmascara a estos señores que son los “doctores de las apariencias”: siempre perfectos, siempre. Pero, ¿qué tienen por dentro? (…) Presten atención ante los rígidos. Estén atentos ante los cristianos —sean laicos, sacerdotes, obispos— que se presentan tan “perfectos”, rígidos. Estén atentos. En esas personas, el Espíritu de Dios no existe. Falta el espíritu de la libertad. También es necesario que estemos atentos a nosotros mismos, porque esto nos debe llevar a pensar en nuestra vida: ¿solo busco ver las apariencias y no cambio mi corazón? ¿No abro mi corazón a la oración, a la libertad de la oración, a la libertad de la limosna, a la libertad de las obras de misericordia? (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 16 de octubre de 2018).
Fuente: Vatican News
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