Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera el vaso y el plato, pero por dentro estáis llenos de avaricia y de maldad. Un concepto que Jesús repite muchas veces en el Evangelio, advirtiendo a muchas personas con palabras claras: **Vuestro interior es malo, no es justo, no es libre.** Sois esclavos porque no aceptasteis la justicia que viene de Dios. ¿Cuál es la justicia que Jesús nos ofreció? **Es una libertad interior que lleva a hacer el bien de forma oculta, sin tocar la bocina**: de hecho, el camino de la verdadera religión es el mismo que el de Jesús: humildad, humillación. Puesto que Jesús – citando la carta de Pablo a los Filipenses – **se humilló, se despojó. Es la única manera de eliminar de nosotros el egoísmo, la avaricia, el orgullo, la vanidad y la mundanalidad.** Al contrario, tenemos la actitud de aquellos a quienes Jesús reprende: personas que siguen la religión del maquillaje: **apariencia, apariencia, fingir, pero por dentro… (…)** Pidamos al Señor que no nos cansemos de **caminar por este camino, que no nos cansemos de rechazar esta religión de la apariencia, de la simulación…** El compromiso debe ser, por el contrario, proceder en silencio, haciendo el bien, gratuitamente, así como recibimos nuestra libertad interior de manera gratuita. **Y que Él preserve esta libertad interior para todos nosotros.** Pidamos esta gracia. *(Homilía en la Capilla de Casa Santa Marta, 11 de octubre de 2016).

Fuente: Vatican News