Es un don que pedir, el de saber ver la certeza de la Pascua en todas las tribulaciones de la vida sin desanimarse, recordando, como escribió otro gran Padre Oriental, que «el pecado más grande es no creer en las energías de la Resurrección» (San Isaac de Nínive, Sermones ascéticos, I, 5). Por eso, ¿quién más que tú puede cantar palabras de esperanza en el abismo de la violencia? […] desde Tierra Santa hasta Ucrania, desde Líbano hasta Siria, desde Oriente Medio hasta Tigray y el Cáucaso, ¡cuánta violencia! Y frente a todo este horror, frente a las masacres de tantas vidas jóvenes, que deberían provocar indignación, porque en nombre de la conquista militar muere gente, surge un llamamiento: no tanto del Papa, sino de Cristo, que repite: «¡La paz esté con vosotros!». (Juan 20:19,21,26). Y especifica: «La paz os dejo, mi paz os doy. Yo no os la doy como el mundo la da» (Jn 14,27). La paz de Cristo no es el silencio sepulcral después de un conflicto, no es el resultado de un aplastamiento, sino que es un don que mira a las personas y reactiva su vida. Oremos por esta paz, que es reconciliación, perdón, valor para pasar página y comenzar de nuevo. […] El pueblo quiere la paz y yo, con el corazón en la mano, les digo a los responsables del pueblo: ¡reunámonos, hablemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, pues no resuelven los problemas, sino que los incrementan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; Porque los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos… (Papa León XIV, Discurso a los participantes en el Jubileo de las Iglesias Orientales, 14 de mayo de 2025).

Fuente: Vatican News