«Tengo sed», dice Jesús, y así manifiesta su humanidad y también la nuestra. Ninguno de nosotros se basta a sí mismo. Nadie puede salvarse solo. La vida se realiza no cuando somos fuertes, sino cuando aprendemos a recibir.
Y justamente en ese momento, después de haber recibido de manos ajenas una esponja empapada en vinagre, Jesús proclama: «Todo está cumplido». El amor se volvió necesitado y, precisamente por eso, llevó a cabo su obra. Este es el gran paradoja cristiana: Dios salva no haciendo, sino dejándose hacer. No vence el mal con la fuerza, sino aceptando hasta el final la debilidad del amor.
En la cruz, Jesús nos enseña que el ser humano no se realiza en el poder, sino en la apertura confiada al otro, incluso cuando ese otro es hostil o enemigo. La salvación no está en la autonomía, sino en reconocer con humildad la propia necesidad y saber expresarla libremente. La plenitud de nuestra humanidad, en el plan de Dios, no es un acto de fuerza, sino un gesto de confianza.
Jesús no salva con algo espectacular, sino pidiendo algo que Él solo no puede darse a sí mismo. Y ahí se abre una puerta a la verdadera esperanza: si hasta el Hijo de Dios eligió no bastarse a sí mismo, entonces también nuestra sed —de amor, de sentido, de justicia— no es una señal de fracaso, sino de verdad. (Papa León XIV, Audiencia General del 3 de septiembre de 2025).
Fuente: Vatican News
abril 3, 2026 a las 4:28 am
amen
abril 3, 2026 a las 8:42 am
Ven señor Jesús Amén Amén 🙏🏻🧎🏻♀️🙏🏻✝️🛐
abril 3, 2026 a las 12:31 pm
Honor y gloria a ti, Señor Jesús