Según la tradición de la Iglesia, todos tenemos un ángel que nos protege y nos da consejos. ¿Cuántas veces escuchamos: «Deberías hacer esto… esto no está bien… prestá atención»? Es la voz de este compañero de camino. (…) Y cuando no queremos escuchar su consejo, cuando no queremos escuchar su voz, es como decirle: «Mirá, ¡andate!». Echar a nuestro compañero de camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso, los necesitamos. Esto no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es una realidad. Es aquello que Jesús, que Dios, dijo: «Yo envío un ángel delante de vos para que te cuide, para que te acompañe en el camino, para que no te equivoques». (…) Hoy yo haría esta pregunta: ¿cómo es mi relación con mi ángel de la guarda? ¿Lo escucho? ¿Le digo buenos días por la mañana? ¿Le digo: «¿Cuidame mientras duermo?»? ¿Hablo con él? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. Cada uno de nosotros puede responder hoy a esta pregunta: ¿cómo es mi relación con este ángel que el Señor envió para cuidarme y acompañarme en el camino, y que contempla siempre el rostro del Padre que está en los cielos? (Papa Francisco, Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 2 de octubre de 2014).

Fuente: Vatican News