El Evangelio de hoy nos habla de un rey que prepara un banquete de bodas para su hijo (cf. Mt 22,1-14). Es un hombre poderoso, pero sobre todo es un padre generoso, que nos invita a compartir su alegr铆a. En particular, revela la bondad de su coraz贸n en el hecho de que no obliga a nadie, sino que invita a todos, aunque esta manera de actuar lo exponga a la posibilidad de ser rechazado. Fij茅monos: prepara un banquete, ofreciendo gratuitamente una ocasi贸n para encontrarse, para celebrar. Esto es lo que Dios prepara para nosotros: un banquete, para estar en comuni贸n con 脡l y entre nosotros. Y nosotros, todos nosotros, somos por tanto los invitados de Dios. Pero un banquete de bodas requiere de nuestra parte tiempo e involucrarse: requiere un 芦s铆禄: acudir, acudir a la invitaci贸n del Se帽or, 脡l invita, pero nos deja libres. Este es el tipo de relaci贸n que nos ofrece el Padre: nos llama a estar con 脡l, dej谩ndonos la posibilidad de aceptar o de no aceptar No nos ofrece una relaci贸n de sometimiento, sino de paternidad y filiaci贸n, que est谩 necesariamente condicionada por nuestro libre asentimiento. Dios es muy respetuoso de la libertad, muy respetuoso. San Agust铆n utiliza una expresi贸n muy bella al respecto, diciendo: 芦Dios, que te cre贸 sin ti, no puede salvarte sin ti禄 (Sermo CLXIX, 13). Y ciertamente no porque no tenga capacidad -隆es omnipotente! – sino porque, siendo amor, respeta al m谩ximo nuestra libertad. Dios se propone, no se impone, nunca. (Francisco – 脕ngelus, 15 de octubre de 2023).

Fuente: Vatican News