Al igual que la mujer encorvada del Evangelio, el riesgo es siempre el de quedarse prisioneros de una mirada centrada en nosotros mismos. Pero, en realidad, muchas cosas que importan en la vida —podríamos decir las cosas fundamentales— no nos las damos nosotros mismos, sino que vienen de los demás; nos llegan y las recibimos de los maestros, de los encuentros, de las experiencias de la vida. Y esta es una experiencia de gracia, porque sana nuestros encorvamientos. Se trata de una verdadera sanación que, al igual que le sucede a la mujer del Evangelio, nos permite volver a tener una postura erguida ante las cosas y ante la vida, y mirarlas en un horizonte más amplio. Esta mujer sanada obtiene la esperanza, porque finalmente puede alzar la mirada y ver algo diferente, ver de una manera nueva. Esto sucede especialmente cuando encontramos a Cristo en nuestra vida: nos abrimos a una verdad capaz de cambiar la vida, de distraernos de nosotros mismos, de sacarnos de nuestro encierro. (León XIV, Homilía en la Santa Misa con los estudiantes de las Universidades Pontificias, 27 de octubre de 2025).

Fuente: Vatican News