Una persona sin raíces, que ha olvidado sus raíces, está enferma. Encontrar, redescubrir las propias raíces y tomar la fuerza para seguir adelante, la fuerza para dar fruto y, como dice el poeta, ‘la fuerza para florecer porque -dice- lo que el árbol tiene en flor viene de lo que tiene enterrado’. Precisamente esa relación entre la raíz y el bien que podemos hacer. El hombre y la mujer que redescubren sus raíces, que son fieles a su pertenencia, son un hombre y una mujer en la alegría, con alegría y esta alegría es su fuerza. (Santa Marta, 5 de octubre de 2017).
Fuente: Vatican News
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