Jesús en este momento está rezando por nosotros ante el Padre. […] ¡Ese es su trabajo hoy: interceder por nosotros, por su Iglesia. A menudo olvidamos esto, que Jesús intercede por nosotros. Esta es nuestra fuerza. Decirle al Padre: “Si Tú, Padre, no nos miras a nosotros, ¡mira a tu Hijo amado que ora por nosotros!”. Desde el primer momento Jesús reza: rezaba cuando estaba en la tierra y, ahora desde el cielo, sigue intercediendo por cada uno de nosotros, por toda la Iglesia. ¡Intercede por nosotros porque nos ama! El amor no mira si uno tiene una cara fea o una cara bonita: ¡ama! Y Jesús hace lo mismo: ama y elige con amor. ¡Y elige a todo el mundo!  En la lista no hay nadie “importante” -entre comillas- según los criterios del mundo: todas son personas ordinarias; son la gente común que comparte la misma característica: todos son pecadores. Jesús ha elegido a los pecadores y sigue eligiendo a los pecadores. Y esta fue la acusación que le hicieron los doctores de la ley, los escribas: “Este va y come con los pecadores, habla con las prostitutas…”. ¡Jesús llama a todos! Recordemos la parábola de la boda del hijo: cuando los invitados no se presentaron, ¿qué hace el dueño de la casa? Envía a sus sirvientes: «¡Vayan y hagan entrar en la fiesta a todos los que encuentren! Buenos y malos», dice el Evangelio. ¡Jesús ha elegido a todos!.

(Homilía, 9 de septiembre de 2014). Fuente: Vatican News