Señor, hoy vengo simplemente a darte gracias. No traigo pedidos ni quejas, solo un corazón que quiere reconocer lo mucho que me has dado. Gracias por lo grande y por lo pequeño, por lo que entiendo y por lo que todavía no comprendo. Todo lo bueno que tengo viene de tus manos. Virgen María, tú que cantaste «proclama mi alma la grandeza del Señor», enséñame a alabar a Dios con tu misma humildad y alegría. Amén.
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