Señor, gracias por todo lo que hiciste por mí sin que yo me diera cuenta. Por los peligros de los que me libraste, por las personas que pusiste en mi camino en el momento justo, por las puertas que cerraste y que en su momento me dolieron. Cuántas veces me quejé sin saber que me estabas cuidando. Gracias también por mi ángel de la guarda, que nunca se cansa de acompañarme. Perdóname por agradecerte tan poco, y abre mis ojos para reconocer tu mano en mi historia. Amén.
Deja una respuesta