Señor, como el leproso que se arrodilló ante ti, hoy te digo con humildad: si quieres, puedes sanarme. Pongo en tus manos este cuerpo que me diste, con sus heridas y sus límites. Bendice los tratamientos, las medicinas y cada noche de descanso, para que sirvan a mi curación. Santos Cosme y Damián, médicos fieles a Cristo, intercedan por mí, para que pronto pueda volver a mi vida dando gloria a Dios. Amén.
Deja una respuesta