Señor, me escuchaste. Te lo pedí con lágrimas, con miedo, a veces casi sin fe, y tú respondiste. No quiero ser como los nueve leprosos que se fueron sin volver; quiero ser el que regresa a tus pies a darte gracias. Gracias, Madre Santísima, por haber llevado mi súplica a tu Hijo, y gracias a todos los santos que intercedieron por mí. Que esta gracia no me haga olvidarte, sino amarte más. Amén.