Ahí se cumple su donación de amor y surge para siempre nuestra salvación. Muriendo en la cruz, inocente entre dos criminales, Él testimonia que la salvación de Dios puede llegar a cualquier hombre en cualquier condición, incluso en la más negativa y dolorosa. La salvación de Dios es para todos, nadie excluido. Es un regalo para todos. Jesús es verdaderamente el rostro de la misericordia del Padre.  (Audiencia general, 28 de septiembre de 2016). Fuente: Vatican News