María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y después por la inexplicable desaparición de su cuerpo. Es mientras ella se arrodilla cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, que Dios la sorprende de la forma más inesperada. El evangelista Juan subraya cuánto es persistente su ceguera: no se da cuenta de la presencia de dos ángeles que le preguntan, y tampoco sospecha viendo al hombre a sus espaldas, que ella pensaba que era el guardián del jardín. Y sin embargo descubre el acontecimiento más asombroso de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: «¡María!».
(Audiencia general, 17 de mayo de 2017). Fuente: Vatican News
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