El hombre de la parábola representa a Jesús; los siervos somos nosotros; y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón… en síntesis, muchas cosas, sus bienes más preciosos. Este es el patrimonio que Él nos confía. ¡Que no debemos solo conservar, sino también multiplicar! Mientras que, según el uso común, el término “talento” indica una marcada cualidad individual —por ejemplo, talento en la música, en el deporte, etc.— en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. El agujero cavado en la tierra por el «siervo malo y perezoso» (v. 26) indica el miedo al riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. ¡Sí, el miedo a los riesgos del amor nos bloquea! Jesús no nos pide que conservemos su gracia en un cofre. ¡Jesús no nos pide esto, sino que desea que la utilicemos en beneficio del prójimo! Todos los bienes que recibimos deben ser transmitidos a los demás, porque solo así crecen. Es como si Él nos dijera: «Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalo y úsalo con generosidad». (Angelus del 16 de noviembre de 2014).
Fuente: Vatican News
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