¿Qué representa esta parábola? ¿Qué representan los personajes de esta parábola? El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre a favor de la humanidad —y lo hace siempre— pidiéndole que espere y conceda aún más tiempo, para que pueda producir los frutos del amor y la justicia. La higuera que el dueño de la parábola quiere arrancar representa una existencia estéril, incapaz de dar, incapaz de hacer el bien. Es símbolo de quien vive para sí mismo, satisfecho y tranquilo, instalado en sus propias comodidades, incapaz de dirigir la mirada y el corazón hacia aquellos que están a su lado en condiciones de sufrimiento, pobreza y dificultad. A esta actitud de egoísmo y de esterilidad espiritual, se contrapone el gran amor del viñador hacia la higuera: le pide al dueño que espere, él tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Le promete al dueño que tendrá un cuidado especial con el árbol infeliz.

Y esta similitud del viñador manifiesta la misericordia de Dios, que nos concede tiempo para la conversión. Todos necesitamos convertirnos, dar un paso adelante, y la paciencia de Dios, su misericordia, nos acompaña en esto. A pesar de la esterilidad que a veces marca nuestra existencia, Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y avanzar en el camino del bien. Pero la demora implorada y concedida en la esperanza de que la higuera finalmente dé fruto, indica también la urgencia de la conversión. El viñador le dice al dueño: «Señor, déjala un año más» (v. 8). La posibilidad de la conversión no es ilimitada; por lo tanto, es necesario aprovecharla de inmediato; de lo contrario, se perdería para siempre. (Ángelus del 24 de marzo de 2019).

Fuente: Vatican News