«Jesús se retiró al monte para rezar y pasó toda la noche rezando a Dios». Y después viene lo demás: el pueblo, la elección de los discípulos, las curaciones, expulsa a los demonios… La piedra angular es Jesús, sí, pero Jesús que reza. Jesús reza: rezó y sigue rezando por la Iglesia. La piedra angular de la Iglesia es el Señor ante el Padre, que intercede por nosotros, que reza por nosotros. Nosotros rezamos a Él, pero el fundamento es Él que reza por nosotros. […] En el Monte de los Olivos, Jesús reza; en la cruz, reza hasta el final: su vida terminó en oración. Esta es nuestra certeza, es nuestro fundamento, esta es nuestra piedra angular: Jesús que reza por nosotros, Jesús que reza por mí. Cada uno de nosotros puede decir: “Tengo la certeza de que Jesús reza por mí, está ante el Padre y me nombra”. Esta es la piedra angular de la Iglesia: Jesús en oración. […] Pensemos en aquel pasaje antes de la Pasión, cuando Jesús se dirige a Pedro con aquella advertencia: “Pedro, Pedro, Satanás obtuvo permiso para zarandearlos como trigo, pero yo he rezado por ti, para que tu fe no desfallezca». Y las palabras que Jesús le dice a Pedro, te las dice a ti, a mí, a todos nosotros: “He rezado por ti, rezo por ti, y ahora estoy rezando por ti”. Y cuando viene al altar, Él viene para interceder, para rezar por nosotros, como en la cruz. Esto nos da una gran seguridad: pertenezco a esta comunidad, que se sostiene porque tiene a Jesús como piedra angular, Jesús que reza por todos nosotros. Hoy nos hará bien reflexionar sobre la Iglesia; reflexionar sobre este misterio de la Iglesia: todos somos como una construcción, pero el fundamento es Jesús, Jesús que reza por nosotros, Jesús que reza por mí. (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 28 de octubre de 2016).

Fuente: Vatican News