En la Carta a los Efesios, San Pablo subraya que en los esposos cristianos se refleja un misterio grandioso: la relación establecida por Cristo con la Iglesia, una relación nupcial (cf. Ef 5, 21-33). ¡En el sacramento del Matrimonio hay un designio realmente maravilloso! Y se realiza en la sencillez e incluso en la fragilidad de la condición humana. Sabemos bien cuántas dificultades y pruebas enfrenta la vida de dos esposos… Lo importante es mantener viva la unión con Dios, que es la base del vínculo conyugal. Y la verdadera unidad es siempre con el Señor. Cuando la familia reza, el vínculo se mantiene. Cuando el esposo reza por la esposa y la esposa reza por el esposo, esa unión se fortalece; uno reza por el otro. Es cierto que en la vida matrimonial existen muchas dificultades, muchas […] Y el secreto es que el amor es más fuerte que el momento del conflicto, y por eso siempre aconsejo a los esposos: no dejen que termine el día en que discutieron sin hacer las paces. ¡Siempre! Y para hacer las paces no es necesario llamar a las Naciones Unidas para que vengan a casa a instaurar la paz. Basta con un pequeño gesto, una caricia… ¡Y hasta mañana! ¡Y mañana todo vuelve a empezar! Así es la vida. Hay que llevarla adelante de este modo, seguir adelante con el coraje de querer vivirla juntos. ¡Y eso es grandioso, es hermoso! La vida matrimonial es realmente bella, y debemos preservarla siempre, cuidando de los hijos. (Audiencia General del 2 de abril de 2014).
Fuente: Vatican News
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