Con estas palabras, Jesús da a entender que no se trata de un número, ¡no existen «puestos limitados» en el Paraíso! Se trata de atravesar desde ya la puerta correcta, y esta puerta correcta es para todos, pero es estrecha. ¡Ahí está el problema! Jesús no quiere ilusionarnos diciendo: «Sí, quédense tranquilos, es fácil, hay una linda autopista y al final una gran puerta…». No nos dice eso: nos habla de la puerta estrecha. Nos dice las cosas como son: la puerta es estrecha. ¿En qué sentido? En el sentido de que para salvarse es necesario amar a Dios y al prójimo, ¡y eso no es fácil! Es una «puerta estrecha» porque es exigente; el amor siempre es exigente, requiere compromiso, mejor dicho, «esfuerzo», es decir, la voluntad firme y perseverante de vivir según el Evangelio. San Pablo lo llama «el buen combate de la fe» (1 Tim 6, 12). Es necesario el esfuerzo de todos los días, todo el día, para amar a Dios y al prójimo. No, los títulos no cuentan, ¡no cuentan! El Señor solo nos reconocerá por una vida humilde, por una vida buena, por una vida de fe que se traduce en obras. (Ángelus del 25 de agosto de 2019).
Fuente: Vatican News
Deja una respuesta