Una vez escuché a alguien que decía: “¡Pero ese pasaje del Evangelio parece una guía telefónica!” Y no, es algo completamente distinto: ese pasaje del Evangelio es historia pura y de un tema importante. (…) Dios se hizo historia. Está con nosotros. Caminó con nosotros. (…) Pecadores, que no supieron responder al proyecto que Dios había imaginado para ellos. Pensemos en Salomón, tan grandioso e inteligente, que terminó como un pobrecito que ni siquiera sabía cómo se llamaba. ¡Pero Dios también estaba con él! Y esto es hermoso. Dios es consustancial a nosotros. Dios hace historia con nosotros. Es más, cuando Dios quiere decir quién es, dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” ¿Pero cuál es el apellido de Dios? Somos nosotros, cada uno de nosotros. (…) Su alegría era compartir su vida con nosotros. (…) Al acercarse la Navidad, es natural pensar: si Él hizo su historia con nosotros, si tomó su apellido de nosotros, si permitió que escribiéramos su historia, nosotros, a su vez, deberíamos dejar que Dios escriba la nuestra. Porque la santidad es, precisamente, dejar que el Señor escriba nuestra historia. “Dejemos que el Señor escriba nuestra historia.” Y ese es un deseo de Navidad para todos nosotros. Dejá que el Señor escriba tu historia y permití que Él la escriba. ¡Así sea! (Homilía en la Capilla de la Casa Santa Marta, 17 de diciembre de 2013).

Fuente: Vatican News