Hoy, el Evangelio (cf. Lc 10, 1-12) nos presenta a Jesús enviando a setenta y dos discípulos a los pueblos a los que Él mismo iba a ir, para que prepararan el camino. Esta es una particularidad del Evangelista Lucas, quien destaca que la misión no está reservada únicamente a los doce Apóstoles, sino que también involucra a otros discípulos. En efecto, Jesús dice: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos» (Lc 10, 2). En el campo de Dios hay trabajo para todos. Pero Cristo no se limita a enviarlos: también les da a los misioneros reglas de conducta claras y concretas. En primer lugar, los envía «de dos en dos», para que puedan ayudarse mutuamente y dar testimonio del amor fraterno. Les advierte que estarán «como corderos en medio de lobos»; es decir, deberán ser pacíficos a pesar de todo y transmitir un mensaje de paz en cada situación. No llevarán ropa ni dinero, sino que vivirán de aquello que la Providencia les proporcione. Cuidarán a los enfermos como signo de la misericordia de Dios. Y allí donde sean rechazados, se irán, limitándose a advertir sobre la responsabilidad que implica rechazar el Reino de Dios. (…) Que este Evangelio despierte en todos los bautizados la conciencia de que son misioneros de Cristo, llamados a prepararle el camino mediante sus palabras y el testimonio de su vida. (Papa Benedicto XVI, Ángelus del 8 de julio de 2007).

Fuente: Vatican News