Jesús, hay días en que el miedo me aprieta el pecho y no me deja respirar. Pienso en lo que puede salir mal, en lo que no controlo, en lo que vendrá, y me siento muy pequeño. Hoy pongo todo eso a tus pies. No sé cómo lo vas a resolver, pero sé que me amas y que nunca me sueltas de tu mano. Santa Faustina, ayúdame a repetir con el corazón y no solo con los labios: Jesús, en ti confío. Amén.