Señor, como los discípulos en la barca, a veces siento que las olas me van a hundir y te grito con angustia. Y tú estás ahí, en silencio, más cerca de lo que imagino. Perdona mi poca fe. Di también sobre mi corazón las palabras que calmaron el mar: «¡Silencio, cálmate!». Que mi alma vuelva a la paz al saber que estás en mi barca. Virgen María, Estrella del mar, guíame cuando no vea la orilla. Amén.
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