Te doy gracias, Señor, porque eres bueno, porque es eterna tu misericordia. Gracias por la vida que me sostiene, por la fe que me ilumina, por las personas que me aman y por la esperanza que pones en mí. Gracias porque, aun en los días grises, nunca me faltó tu presencia. Que mi vida entera sea un gracias para ti. Santa María, Madre de Dios, y todos los santos del cielo, alaben conmigo al Señor, que tanto me ha dado. Amén.