Para nosotros, los cristianos, el magisterio íntimo del Espíritu Santo es una certeza llena de alegría, basada en la palabra de Cristo sobre la venida del «otro Paráclito», que —decía Él— «el Padre enviará en mi nombre. Les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho» (Juan 14, 26). «Él los guiará hasta la verdad plena» (Juan 16, 13). […] Así, los cristianos, al haber recibido al Espíritu Santo, la unción de Cristo, tienen dentro de sí una fuente de conocimiento de la verdad, y el Espíritu Santo es el Maestro soberano que los ilumina y guía. (…) El Espíritu Santo le enseña al cristiano la verdad como principio de vida. Le muestra cómo aplicar concretamente las palabras de Jesús en su vida cotidiana. Le hace descubrir la actualidad del Evangelio y su valor para todas las situaciones humanas. Adapta la inteligencia de la verdad a cada circunstancia, para que esa verdad no quede solo en lo abstracto o en lo teórico, y así libera al cristiano del riesgo de la doble cara y de la hipocresía. (San Juan Pablo II, Audiencia General del 24 de abril de 1991).

Fuente: Vatican News