Por Mons. Victor Manuel Fern谩ndez

Hoy celebramos el nacimiento de Juan el Bautista. En el Evangelio de Lucas, vemos c贸mo trabaj贸 el Esp铆ritu Santo en San Juan. El Esp铆ritu lo prepar贸 gradualmente para su misi贸n.
Su fuerza ser铆a revelada en la audacia de su predicaci贸n, que llev贸 a su muerte. Su vida en el desierto muestra c贸mo toda su existencia estaba completamente orientada hacia Dios. Juan quer铆a pertenecer s贸lo a Dios, y el desierto era el s铆mbolo de esa consagraci贸n. Alguien que fue consagrado en el vientre de su madre por la acci贸n del Esp铆ritu (Lucas 1:15; 1:41) no pudo resistirse a la llamada de entregarse plenamente.
Juan el Bautista sali贸 del desierto, donde hab铆a vivido en plena rendici贸n a Dios, y donde el Esp铆ritu Santo lo hab铆a estado preparando. En la Biblia, el desierto es el lugar de encuentro con el Esp铆ritu, porque nada m谩s distrae o seduce a una persona, y uno puede escuchar la voz del Se帽or hablando al coraz贸n. El profeta Oseas presenta incluso el desierto como el lugar de la seducci贸n divina, donde Dios lleva a su pueblo a estar a solas con ellos y cautivar sus corazones (Oseas 2:16).
En el desierto, Juan hab铆a estado atento al Esp铆ritu Santo. Hab铆a sido nutrido y enriquecido con este encuentro, bebiendo palabras de sabidur铆a. Es por eso que, cuando dej贸 el desierto, pudo proclamar el mensaje de salvaci贸n. Juan dej贸 el desierto y dio su vida para preparar el camino para Jes煤s. Esto s贸lo es posible a trav茅s de la acci贸n del Esp铆ritu.
Es por eso que solo la gracia de Dios puede sanar nuestro escepticismo y des谩nimo enfermizo, llegando a lo m谩s profundo de nuestras motivaciones y energ铆a para que podamos cumplir con la misi贸n que se nos ha encomendado, hasta el punto de dar nuestras vidas. Por esta raz贸n, debemos invocar la acci贸n del Esp铆ritu Santo cada d铆a, para fortalecernos desde dentro, para darnos una vez m谩s la energ铆a, audacia y gozo inagotable para cumplir lo que Dios nos ha confiado amorosamente.