Este pasaje culmina con la invitación: «Sed, pues, misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso». Pidamos al Señor entender algo de este misterio cristiano, y pidamos la gracia de ser misericordiosos, como el Padre que da todos sus bienes a los buenos y a los malos. Hoy nos hará bien pensar en un enemigo -creo que todos tenemos uno- que nos ha hecho daño o que nos quiere hacer daño o que intenta hacernos daño. […] Recemos por él. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de desear su bien. Porque si la “oración mafiosa” es: “Me la pagarás por esto», la oración cristiana es: «Señor, dale tu bendición y enséñame a amarlo».
MEDITACIÓN MATUTINA EN LA CAPILLA DEL DOMUS SANCTAE MARTHAE 19 de junio de 2018. Fuente: Vatican News
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