Padre bueno, gracias por amarme tal como soy. Conoces mis caídas, mis debilidades y las cosas que no me animo a contarle a nadie, y aun así no te cansas de mí. Gracias por cada vez que me levantaste, por cada nueva oportunidad, por tu misericordia que no se acaba. Jesús, gracias por dar tu vida por mí en la cruz. Virgen María, Madre mía, ayúdame a responder a tanto amor con un corazón agradecido y fiel. Amén.
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