«El Evangelio de Juan nos dice que el misterio de Dios es Luz y que la Luz vino al mundo pero que las tinieblas no la acogieron. Una Luz que no se puede ocultar, sino que debe servir para iluminar. Éste es uno de los rasgos del cristiano, que ha recibido la Luz en el Bautismo y que debe darla. Es decir, el cristiano es un testigo. El testimonio de la Luz es uno de los rasgos de las actitudes cristianas. El cristiano que lleva esta Luz debe mostrarla porque es un testigo. Cuando un cristiano prefiere ocultar la Luz de Dios y prefiere su propia oscuridad, esa oscuridad entra en su corazón porque tiene miedo a la Luz. Los ídolos, que son oscuridad, lo seducen y lo atraen con mayor fuerza, entonces se queda vacío: le falta algo y no es un verdadero cristiano. El testimonio: un cristiano es un testigo de Jesucristo, la Luz de Dios. Y debe poner esa Luz en el candelabro de su vida».
(Homilía desde Santa Marta 28 de enero de 2016). Fuente: Vatican News
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